Inercia

No me muevo,
sin embargo siento un viento fuerte que me echa fuera.
Nunca me dio por creer que las reticencias
se despiertan y se retienen en el costado.
No encontré tal vez las costuras,
cómo zurcir mis bochornos,
pero la experiencia fue válida.
Sin embargo hay un viento que me ordena salir
y participar.
He sido,
aunque me resista a intentarlo.
Desarraigué la poética con que fui concebido.
Aprendí de la verdad de la desconfianza.
No me muevo.
Este angel que me ha sustituido,
me deja quieto.
No obstante, otra vez, como un criminal arrepentido,
el viento azota.
Si pudiera elegiría ser el que soy sin tantos monosílabos innecesarios.
Por aquí, hay gente rodeándome como si vivir fuera lo más natural del mundo.
Hacen lo que quieren.
Hablan con labios y lenguas y dientes que se esconden
y reaparecen en un juego de manías.
Una descubre sus pechos tras el escote verde,
y otro cuelga las manos a raíz de las muñecas,
con guantes inventados, terrosos, turbios.
Aquella oreja, roja de encresparse sobre sí misma ladea el rostro hacia la derecha,
a sabiendas que en el otro lado la repelen.
Unos collares blancos penden de un cuello y nadie hace uso de ellos.
Floto, sin poder elegir.
El viento, extenso,
me cubre,
se vuelve música,
acordes que mi quietud se traga.

Comentarios

Entradas populares