Insomnio

No va siendo perentorio dormir. Luego de unas cuatro horas de sueño interrumpido por los picos de susto y carnavales, me levanto con la sensación de que no me acosté anoche, y con los ojos despabilados.

Toda esa carga eléctrica que me acompaña en tantas décadas

arrolla en la sangre e impregna al cerebro de una energía bizarra

dónde ni soy yo ni puedo ser otro.

No he llegado todavía a la vez final de proponer un cambio,

un programa de acciones, concreto, y autenticarme.

Fallan por olvido.

Olvido por miedos, olvido cuando me envuelvo en el hacer del día

y me olvido de mí, de mi noche.

El día, portentoso y confiado, siempre me desvía a su curso

y mi empeño es continuar el camino, no alejarme

del centro donde tengo las herramientas para apagar el fuego nocturno.

Ya soy tan viejo, me siento tan viejo, mi apariencia es de tan viejo

que ni yo mismo espero de mi otra cosa que una idea sabia,

un consejo razonado, sensato, con la perspectiva correcta

y los instintos domados.

Me decepciono a cada segundo.

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