Rutina

Hoy es un día más.
Puede ser que sea sábado o miércoles. Un día
que amanece por esta ventana
con las mismas fosforescencias.
En el cuadrado que me expone, veo al cielo prendiendo el azul
en algunas nubes, que apenas unos minutos atrás
eran un trozo negro separado de la tierra,
y ahora juegan empedernidas con las formas.
Los árboles han quedado mansos por el hastío de la noche,
ni se mueven sabiendo de la vida.
Estatuas verdes para que los retraten.
Un frío se cuela por intersticios escondidos
y hace que se eviten programas más variados.
Es un día más,
ahorita tendremos tortilla de huevos
y un café con nerviosismo.
Nos quejaremos de la resaca de los años,
de quién ha ganado la partida e inventaremos un sol
para secar los trapitos.
Luego nadie sabe lo que ocurrirá.
Entre la arcilla que le lame los pies, intentando subir,
una planta
ondea una de sus ramas como una gelatina.
Luce tan frágil que la miro de frente, como se debe mirar a los indefensos.
Y con una quietud de museo,
me muestra
en la punta más larga, un destello blanco,
como un silencio abierto,
Miro afuera a ver si algo es distinto
y el tropo de unas rosas que suspiran llorosas,
me mete al frío de este cuarto,
como otro día más.

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