Para que no te lo creas

Dispongo sobre una mesa infiel.
No te voy a decir que hiciera algo que me haga sentir satisfecho,
cuando lo que hice fue calentar la fragilidad de la palabra,
pero no puedes evaluar nada mío sino a través de esta mesa,
de embuste,
que me dio la única esquirla para hundirme.
No hay ninguna forma de conversar contigo que no sea la de mi exposición al fuego.
El oropel desde el que ha aparecido el principio.
Para conversar contigo tendría que arruinar el fuego,
y no lo haría.
Sin embargo, por dentro,
llevo una osadía chalada, dando zancadas y elevando sus manos como una bailarina del carnaval de Rio,
que cree que es posible
conversar, tú y yo,
viendo que
lo que he hecho
salió de la nada, o sea,
de necesidad de huecos
llenos de nulidad.

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