Pasatiempo



Me hurgo en una uña para no estar triste.
Ya la he descosido de varias maneras con esta manía de decirme al oído lo que rumio, y sumergir mi bitácora.
Tengo un látigo de puntas afiladas, que corroe y aglutina hasta el polvo la angustia de mi uña.
Irreparable.
Varios objetos en esta mesa parecen quietos, pero vibran si los toco, con una felicidad que reconocen pasajera, pero que tiene un destino.
 Un libro está por aquí con conceptos. Un libro. Traído desde la América insobornable. Amarillo y pétreo, el libro está quieto.
 Pétreo.
 La tristeza hurgando y yo palpo el libro, la carátula del libro, y se despiertan el libro y la tristeza,
una desgarrando páginas , el otro atravesando velos.
 Y así se funden con mi uña, desvirgada, analítica, sucia en sus quehaceres de rutina,
 más acá de mí mismo,
 manso, entre los objetos.

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