Aquí vivimos

Aquí vivimos, digo yo, pendiendo. Y hay que defender esto, sigo diciendo. Lo que flota por allá abajo, y por aquí, lo que flota, que se mete en los años como en un escaparate y lo cierran y flota y sale de los años y nadie sabe si necesita realmente una defensa.
Me compro trajes que luego representan una escena conmigo. Vamos juntos a exhibir la gana. Estiro el cuello por encima del cuello del traje y contemplo miles de trajes que nos rodean sin entender nada. No es fácil desdeñar a este bigote mío que ya pertenece a los de Boedo.
Si hubiera sabido de mi insignificancia, al nacer hubiera renunciado, pero ahora estamos pendiendo. Ahora no me queda más que vestir el traje. Irme a la plaza con las manos ampolladas de tanta llanura a inventar la colina, y a embestir la mirada de cualquiera con el traje incambiable de lo limitado. 
Me resisto a esas trazas amarillas que recuerden la falacia de los dioses. Mi indumentaria la escojo casi a sabiendas de contradicciones que manan de procederes tan variados como yo.

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