Para qué los arcos


¿Para qué los arcos tan caprichosos del ciprés si la muerte lo precipitará de todas maneras al fondo por debajo de la baranda?.
¿Para qué ese empeño de la escalera; esa ridiculez del cocotero, ese agruparse los hombres en frente del que habla?. ¿Para qué la atención de la lectura, la risa, el tocar de los labios más atrás del beso, el reconocerse al fin en la clandestinidad; para qué la fama detrás del sexo y creer terminar cambiando las letras?
Para qué el recuerdo, si lo inmortal está más acá en la misma frontera donde lo estoy sintiendo; para qué persignar al Babylon y a los sombreros que nunca olerán la comida; para qué la trova, el descifrar los signos.
Soy bueno para cruzar los puentes bajo la llovizna, la bruma, la insospechada tristeza de este lado.
Árboles siempre se empeñarán en llenar la ventana, y sé que hablarán para llenar las almas, y bajo el puente esperarán, debajo de la ventana, y ni los árboles podrán con el tono preciso de la voz.
Me quitarán el miedo y nadie se atreverá a quedarse.
Miraré sobre el hombro con pestañas de cine, eternas, duras de su valor a ciegas y el empeño en caminar a pesar de todo.
¿Para qué oír tantas voces adentro?

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