Inquieto


Inquieto, y de pie exploro mis insinuaciones.
Mi mente lo abarca todo, y allí florezco y yazgo. Mi mente tiene la edad de los calzones largos y se extiende como una serpiente coqueta a lo largo de las insinuaciones.
Ningún hombre en el planeta recibe menos energía que la que mi mente ordena. De pie, como si todavía supiera de las guerras, persigo una brizna que se encima. Cada día se me afloja más el tendón de sujetarme. No sé tocar la guitarra. Mi pelo perdió aquel océano donde una ola era natural que muriera. Se me inflan los párpados de tanto ajustar la posición correcta. No hay un despertar grueso en mi cuello y cada vuelta a la pared, lo sabe.

Barbas de nieve con el bullicio insondable de los bosques. 
Mastico despacio. Cada día cuenta. Me afano en asirme. Me hundo en canciones interminables y les tarareo sus memorias. Plancho mi cráneo y se me da bien el respaldo de la silla. Cada día balanceo lo que sigue y me pierdo en su maleza.
Qué inquietud la mía con este cosquilleo inicuo. De pie, las piernas empiezan, lentamente, muy a pesar mío, a aflojar sus correas y no es permitido ni un paso.
Piernas de mente, de insinuaciones.



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