No puedo desproveerme

No puedo desproveerme de la palabra vicio. 
Me carcome la más elemental necesidad, me taja en el que debo ser y este arrastrarme hasta el pozo, de vez en cuando, y estirar la mano hecha una cuenca, y sorber mi agua, y chorrearla al fin por la quijada hasta el cuello y reposar. 
Dicho de otro modo, la palabra es dura con su tono violáceo, reverberando de tal modo, que aún abatida, flota en sus átomos esperando que los reagrupe el menor descuido. 
Despierto unas horas después del reposo y me detengo a
mirar los átomos.
Emiten unos gritos lánguidos de gato con hambre. 
Realmente no me gustan esos gatos que de todas formas se quedan.

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