Me dan pena

Me dan pena los hombres. Los hombres que anduvieron con el serrucho ayer cuando en la casa mía los huecos le daban una claridad a la luna que la ponía artificial. 
Aquellos que se les ve el cráneo a través de los destrozos que le hacen a la saliva, que abren la boca y sale la saliva diciendo que es el lenguaje que tortura a los incrédulos. 
Me dan pena sus dientes con tanto filo en vano, la cavidad más grande que las paredes donde se contienen. Y ver la saliva tan sucia contaminando el suelo.
Me dan pena los hombres de juguete, cosidos tan chapuceramente, que se contonean en los filos de las olas y se les ve la tripa sin sostenes.

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