Habían nacido

Habían nacido en una fábrica colmada de ilusiones. Les habían colocado un color azul mezclilla para que abochornaran las especulaciones con que los jóvenes acometen sus destinos.
Y habían salido a lucir sus hilos, sus costuras de pespunte y ladeo, sus cuadrados enormes con un tinte sepia. En su interior se colocaban por obra de un arte mayor, círculos verduscos que alternaban con otros morados. Parecían encantarle las nubes, asaeteados a veces por cumplidos de unas figuras que no resolvían ni sus propios entuertos. Colindaba con ellos un fango gelatinoso, por donde, de seguro, había pasado un gigante de pezuñas escalofriantes que les había marcado el cuerpo.
Daba grima verles contra la pared, sin más remedio que suspirarles encima.
Una vez colmados los deseos, su ultraje se resolvía con una doblez que aunque no les rasgaba la entereza, le consolaba con una dosis excesivamente alta de paciencia.
Más y más cuadrados se sucedían hasta que los cubría una bruma y sólo quedaban los ojos chispeantes de los círculos que intentaban hacerse visibles.
Ah, qué jeans...

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