Lo incómodo

Lo incómodo es lo agudo conque se apoya, su rara fortaleza que luce frágil al principio y que una vez que se acomoda, es el peso de una mole consistentemente dispuesta a aplastar.
No me resisto a su kilométrica presencia. Se apoya y anestesio mi porción con que la recibo. Un escozor de rebeldía se me antoja y queda durmiendo su desazón sin importarle otra cosa que despertar. Ninguna sospecha de su molestia ni del desierto de los labios que se retuercen creyendo extraer un fluido extra, una provisión de lo inesperado del gesto mismo.
Lo inaudito son las manos trenzadas en un ruego, pendientes de los ojos que se fugan al mismo tiempo al sitio de donde parecen venir las respuestas.
La esperanza de que una mano retorciéndose sobre la otra hará más limpia la mirada, más claro el mensaje
es siempre el paso de más, el segundo de más, o la pregunta.

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