Sé que pueden

Sé que pueden quedarme oportunidades de todos los tipos. 
¿Para qué creer que las amargas están en los pasos?  ¡Cuánto me embullo a mí mismo para tener el coraje de resistir hasta la última alegría! Pero, ¡qué viejo estoy!
Me miro al espejo y casi no puedo creerlo:¡ zas!, así pasó el tiempo de la juventud. 
No me dan ganas de hacer balances. No quiero enfrentarme a lo bueno y a lo malo que ha sido el tiempo conmigo. Hoy sólo miro al seis de enero: ¡qué viejo estoy!
De nada valdrá el consuelo ajeno, la palabra que desde cualquier sitio intente animar la insensatez de las comparaciones. Viejo, y como un viejo más, observo mis cambios. Mi hijo me dice "eres la mejor versión de ti mismo".  Y es verdad. Y es verdad también que estoy viejo. 
Pero en realidad no importa. A nadie. A cada uno le importa su vejez. Y la mía, la vejez individualista y ridícula mía, a la muy testaruda, la expongo a que se esparza y regrese renovada.
No me fue con aquello de mirarme al espejo y afirmarme. Me valoro en lo distintamente nuevo. Y como un ser distinto camino, y los que no me conocen, inmediatamente me reconocen. Ahí va, dicen, en lo viejo que está. Y eso me basta.
Confían en mi unicidad.
Que una vez reconocido, me dejen pasar, dichosos de que another one bites the dust.

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